Caffarel y su pacto para adelantar el inicio del 'prime time'
La directora de RTVE, Carmen Caffarel ha hablado estos días de un hipotético pacto para adelantar el “prime time” televisivo, que ahora se encuentra situado entre las 10 y las 12 de la noche. Dicha propuesta viene condicionada por dos realidades. La oficial es la petición explícita de la Comisión Nacional para la racionalización de los horarios como medida para conseguir un horario lógico y más accesible para la población. La no oficial es la intención de “La Sexta” de adelantar ese horario estrella a las 9 de la noche. La cadena de Emilio Aragón asegura que los anunciantes, generalmente descontentos con la televisión española, están encantados con el cambio y de sobra es conocida la necesidad que tiene TVE de seguir manteniendo sus acuerdos publicitarios. ¿Es por tanto una intención mercantilista la de la televisión pública o acaso podemos creer que realmente se trata de mejorar nuestros hábitos televisivos para que éstos no sean diametralmente opuestos al horario del ejercicio laboral? ¿Vivirá menos frustrado el señor que se acueste habiendo visto el capítulo correspondiente de “Los Serrano” en su totalidad?
Parecidas innovaciones han sido practicadas por otras cadenas y el resultado ha sido siempre poco fructífero. El antecedente más claro es el de “Tele5”, que abogó durante años por adelantar su informativo media hora, y tuvo que situarlo a las 9 de la noche para no verse perjudicada por falta de audiencia. Una de las razones que se esgrimen para dicho pacto es la de equipararse a los usos horarios de las demás televisiones de Europa sin tener en cuenta que nuestro país tiene unas costumbres bien diferenciadas del resto del continente. Tal vez sea esa la razón del fracaso de la innovadora propuesta de los informativos de “Tele5” y de la posible debacle de las audiencias que se derive del cambio del “prime time”. Las razones sociológicas pueden resultar bastante obvias: en una cultura de la calle como la española, apoyada por la benévola climatología, programar los espacios “estrella” a las 9 de la noche puede resultar poco previsor y puede incitar al español medio a hacer más uso de su ocio callejero en detrimento del televisivo. Resulta bastante raro que los publicistas no hayan reparado en esta característica a la hora de apoyar la iniciativa de “La Sexta”. Aquellos tiempos en los que “Crónicas Marcianas” dejaba con ojeras matinales a muchos españoles son una prueba de que al habitante de nuestro país le gusta trasnochar aunque el despertador suene pronto. El programa de Sardá era la golosina favorita de los anunciantes en unos horarios que son ciertamente intempestivos.
Claro está que la propuesta tendrá gran acogida entre todos aquellos que madrugan y que podría resultar beneficiosa para muchos telespectadores hartos de ver como sus espacios preferidos suelen finalizar a altas horas de la madrugada. La cuestión es si tanto los publicistas como Caffarel o “La Sexta” han tenido en cuenta el carácter sociológico de los españoles a la hora de confeccionar su plan. ¿Resulta una medida fructífera para el telespectador medio y desastrosa para un mercado poco previsor? ¿Pueden cambiar nuestras costumbres callejeras con tal medida? Hasta ahora la equiparación de nuestros horarios de ocio nocturno ( pubs con límites en el horario de cierre, por ejemplo) con los demás europeos no han tenido gran acogida y nos hemos seguido yendo tarde a la cama. Este es, sin duda, otro indicativo de nuestro tipo de cultura.
Es evidente que la medida es beneficiosa para el telespectador pero tal vez disminuya el consumo televisivo; lo cual, teniendo en cuenta los grados de estupidez y mediocridad a los que es capaz de llegar la televisión de nuestros días, puede que no sea tan malo.
Más información en:
El Mundo.es
Parecidas innovaciones han sido practicadas por otras cadenas y el resultado ha sido siempre poco fructífero. El antecedente más claro es el de “Tele5”, que abogó durante años por adelantar su informativo media hora, y tuvo que situarlo a las 9 de la noche para no verse perjudicada por falta de audiencia. Una de las razones que se esgrimen para dicho pacto es la de equipararse a los usos horarios de las demás televisiones de Europa sin tener en cuenta que nuestro país tiene unas costumbres bien diferenciadas del resto del continente. Tal vez sea esa la razón del fracaso de la innovadora propuesta de los informativos de “Tele5” y de la posible debacle de las audiencias que se derive del cambio del “prime time”. Las razones sociológicas pueden resultar bastante obvias: en una cultura de la calle como la española, apoyada por la benévola climatología, programar los espacios “estrella” a las 9 de la noche puede resultar poco previsor y puede incitar al español medio a hacer más uso de su ocio callejero en detrimento del televisivo. Resulta bastante raro que los publicistas no hayan reparado en esta característica a la hora de apoyar la iniciativa de “La Sexta”. Aquellos tiempos en los que “Crónicas Marcianas” dejaba con ojeras matinales a muchos españoles son una prueba de que al habitante de nuestro país le gusta trasnochar aunque el despertador suene pronto. El programa de Sardá era la golosina favorita de los anunciantes en unos horarios que son ciertamente intempestivos.
Claro está que la propuesta tendrá gran acogida entre todos aquellos que madrugan y que podría resultar beneficiosa para muchos telespectadores hartos de ver como sus espacios preferidos suelen finalizar a altas horas de la madrugada. La cuestión es si tanto los publicistas como Caffarel o “La Sexta” han tenido en cuenta el carácter sociológico de los españoles a la hora de confeccionar su plan. ¿Resulta una medida fructífera para el telespectador medio y desastrosa para un mercado poco previsor? ¿Pueden cambiar nuestras costumbres callejeras con tal medida? Hasta ahora la equiparación de nuestros horarios de ocio nocturno ( pubs con límites en el horario de cierre, por ejemplo) con los demás europeos no han tenido gran acogida y nos hemos seguido yendo tarde a la cama. Este es, sin duda, otro indicativo de nuestro tipo de cultura.
Es evidente que la medida es beneficiosa para el telespectador pero tal vez disminuya el consumo televisivo; lo cual, teniendo en cuenta los grados de estupidez y mediocridad a los que es capaz de llegar la televisión de nuestros días, puede que no sea tan malo.
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